Beato Bartolo Longo: de espiritista a Apóstol del Santo Rosario

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Hoy, 6 de octubre,  la Iglesia celebra al beato Barolo Longo: de espiritista a Apóstol del Santo Rosario...

Beato Bartolo Longo: de espiritista a Apóstol del Santo Rosario

Hoy, 6 de octubre,  la Iglesia celebra al beato Barolo Longo: de espiritista a Apóstol del Santo Rosario...

Dios tiene sus métodos propios y muy originales para llamar a sus elegidos. El caso del beato Bartolo Longo, que la Iglesia nos propone como modelo de santidad, es muy especial por el hecho de haber caído primero en el Espiritismo y luego haberse convertido en un Apóstol del Santo Rosario. Recordemos que el Santo Rosario es un arma poderosa que la Santísima Virgen nos ha entregado para luchar contra las asechanzas y perversidades del demonio en el mundo.

Este gran santo fue primero un abogado y laico que fundó del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya (Italia). Se dedicó a enseñar el catecismo y a difundir la devoción al Santo Rosario.


Bartolo Longo nació en la localidad de Latiano (Italia) el 10 de febrero de 184, pero en 1863, a sus 22 años se trasladó a Nápoles a estudiar derecho. Siendo un joven muy inteligente, aprende con rapidez y su mente se mantiene abierta a cualquier tipo de experiencias y lecturas. Y es ahí donde influyen mucho algunos profesores liberales. Leyendo la filosofía atea de Hegel y el racionalismo de Renán, pierde su fe y crece en él un sentimiento de odio contra el papa y la Iglesia,, a tal grado que llega a pronunciar discursos contra el Papa y pagar un trago a quienes insultan a los sacerdotes que pasan por la calle. D

 

Se dedicó también a la política, las supersticiones y al espiritismo: llegó a ser “medium” de primer rango y “sacerdote espiritista”.  Metido en ese ambiente espiritista, pasa noches de insomnio y tiene tiene contactos con seres extraños, tales como San Miguel, al que el mismo Bartolo interpretará después como la representación del mismo demonio. 

Pero gracias a la influencia de su amigo Vicente Pepe y del dominico P. Alberto Radente volvió de nuevo a la fe. Su conversión llegó el día del Sagrado Corazón de Jesús en 1865, en la Iglesia del Rosario de Nápoles.

Tras su encuentro con Cristo abandonó la vida libertina y se dedicó a las obras de caridad y al estudio de la religión.

Más tarde escribió, haciendo alusión a su propia experiencia, que “no puede haber ningún pecador tan perdido, ni alma esclavizada por el despiadado enemigo del hombre, Satanás, que no pueda salvarse por la virtud y eficacia admirable del santísimo Rosario de María, agarrándose de esa cadena misteriosa que nos tiende desde el cielo la Reina misericordiosísima de las místicas rosas para salvar a los tristes náufragos de este borrascosísimo mar del mundo”.

En 1876, bajo sugerencia del Obispo de Nola, inició una campaña para construir un templo en Pompeya. Como resultado de la cooperación y la intercesión de la Virgen María surgió el hermoso Santuario.

El 5 de octubre de 1926, a la edad de 85 años murió en Pompeya. En su testamento había dejado escrito lo siguiente: “Deseo morir como terciario dominico… entre los brazos de la Virgen del Rosario, con la asistencia de mi padre Santo Domingo y de mi madre Santa Catalina de Siena”.

Juan Pablo II lo declaró beato el 26 de octubre de 1980.

La historia de este beato nos sirve como modelo a seguir, especialmente a los jóvenes dotados de una inteligencia maravillosa, que quieren explorarlo todo, y luego se ven sumergidos en experiencias desastrozas y dominados por poderes demoníacos, por haber querido experimentar lo desconocido, fruto de su curiosidad. Pero el poder del Santo Rosario es infalible y la Santísima Virgen María sigue poniéndole el talón a la serpiente...